jueves, 14 de julio de 2011

Las maletas abandonadas del Willard Psychiatric Center


Cuando el Willard Psychiatric Center de Finger Lakes de Nueva York cerró en 1995, dos miembros del personal, Beverly Courtwright y Lisa Hoffman, encontraron una puerta escondida que accedía al ático de uno de los edificios abandonados. Al abrir la puerta, descubrieron una amplia habitación que albergaba unas cuatrocientas maletas, cajas y baúles pertenecientes a algunos de los numerosos pacientes que ingresaron en aquel asilo mental. Las maletas de los hombres estaban situadas a la izquierda y las de las mujeres a la derecha. Se habían colocado en orden alfabético y se encontraban etiquetadas.




Los pacientes trajeron aquellas maletas, cuando fueron admitidos en el asilo mental, pero, por circunstancias desconocidas, no se les permitió mantenerlas en sus habitaciones. Documentos, libros, fotografías, zapatos, ropa, platos envueltos en papel de periódico y otros muchos objetos personales se conservaron intactos durante décadas en aquel ático del hospital.

Después del hallazgo de estas maletas, Darby Penney y Peter Stastny  -profesor de psiquiatría en el Albert Einstein College of Medicine- en colaboración con la fotógrafa Lisa Rinzler seleccionaron diez maletas e investigaron la historia personal de cada uno de los propietarios de las mismas, tratando de descubrir qué motivos causaron su ingreso en el psiquiátrico. El resultado de su investigación dio lugar a una Exposición en el New York State Museum en 2008, una Exposición en línea y un interesante libro, The Lives They Left Behind: Suitcases from a State Hospital Attic.

Los objetos personales de los pacientes permiten conocer quiénes eran esas personas antes de desaparecer detrás de los muros del psiquiátrico, cuáles eran sus trabajos, aspiraciones, sus relaciones con los demás. En las fotografías aparecen frecuentemente sonrientes, relajados, viajando, haciendo deporte, estudiando... llevando esa vida normal que llevamos todos.

Pero, a través de la información contenida dentro de estas maletas abandonadas, también podemos ver cómo sus vidas, en un momento determinado, se rompen, como consecuencia no sólo de la enfermedad mental sino de otras muchas circunstancias. A partir de esa catástrofe personal, estas personas dejan de ser consideradas "sanas" o "normales" y son recluidas, la mayoría ya para siempre, en la institución mental.

Sin embargo, en la actualidad, estas personas recibirían unos tratamientos muy distintos (en echoesofwillard se explica qué duros tratamientos se emplearon en el Willard desde los años 30) y no habrían permanecido durante décadas apartadas del mundo. Por este motivo, sus historias son tan interesantes y emotivas.
En este post descubriremos la historia Madeline, Theresa, Lawrence, Margaret, Roderigo y Ethel, seis pacientes muy distintos que terminaron siendo ingresados en el Willard.




Madeline



Madeline en Dallas. 1922



Madeline nació en 1896. Pertenecía a una acaudalada familia de París. Se graduó en la Sorbona y, en su juventud, viajó por toda Europa y Estados Unidos. En sus maletas se encontraron muchas de las fotografías que fue haciendo durante sus viajes.



Fotografía tomada por Madeline en Vigo

Después de la Primera Guerra Mundial, Madeline dejó Francia y se trasladó a Nueva York, donde consiguió un buen trabajo como secretaria. Durante la década de 1920, fue profesora de literatura francesa en escuelas privadas para niñas en Boston, Dallas, New Hampshire y Nueva York. Era una mujer intelectual, interesada por la filosofía, la literatura, la historia y la música. Ese interés por el conocimiento la llevó a ampliar sus estudios en la Universidad de Columbia.



Amigas o compañeras de Madeline

Su vida parecía interesante y próspera pero, en un momento determinado, Madeline fue alejándose de sus amigos y compañeros de trabajo. De acuerdo con su expediente, algunas de las personas que la emplearon la consideraban "extraña, sin tacto y dominante". Su suerte comenzó a cambiar durante la Gran Depresión, no logró encontrar un trabajo estable y fue encerrándose en sí misma. Finalmente, fue ingresada en 1931 en la unidad de psiquiatría del Bellevue Hospital en Manhattan.

Madeline accedió voluntariamente al ingreso pero creyendo que su hospitalización sería algo temporal. No pudo imaginarse que después de permanecer en aquel centro sería trasladada a otros psiquiátricos hasta terminar ingresada en el Willard en 1939. Según su expediente, Madeline había declarado enfurecida que le parecía un escándalo que la mantuviesen hospitalizada contra su voluntad.



Los documentos registrados indican que en 1965 seguía exigiendo su liberación, sostenía que no estaba loca y que estaba perdiendo el tiempo allí encerrada.

Madeline recibió fármacos antipsicóticos en la década de 1950. Con el tiempo, desarrolló lo que más tarde llegó a ser conocido como disquinesia tardía (DT), un trastorno del movimiento causado por consumir medicamentos usados para controlar la esquizofrenia y otras psicosis.

En 1970, un documento sostiene que Madeline había desarrollado "movimientos nerviosos, posturas rígidas y muecas faciales". Se creía que aquella patología que padecía Madeline no era causada por el uso prolongado de determinados fármacos de modo que siguió tomándolos. Se le prescribió una "terapia de actitud" para conseguir que dejara de hacer aquellas muecas.

Con 79 años, después de permanecer 47 años en el Willard, fue enviada a un centro privado de atención, situado cerca del psiquiátrico. Murió en octubre de 1986, en el Condado de Séneca, a la edad de 90 años.

Theresa



Theresa nació en 1880 en Baviera, Alemania. Con sólo 16 años ingresó en la congregación de las Hermanas Dominicas, donde tomó el nombre de Sor Marie Ursuline. La llevaron a América en 1898. Tuvo problemas con la Madre Superiora y comenzó a cuestionarse su permanencia en la congregación. En 1917 le escribió a su padre pidiéndole ayuda para volver a su casa en Alemania, pero su carta fue devuelta debido a las restricciones de correo en tiempo de guerra. Theresa tenía dudas espirituales que le ocasionaban un gran desasosiego.

Fue ingresada en el Hospital Estatal de Manhattan en junio de 1918. El personal del hospital no llegó a creer que hubiese sido monja, consideraba que su formación religiosa era producto de su imaginación. En su entrevista de admisión, Theresa aseguró desesperada que ella no estaba loca, que no escuchaba voces ni tenía visiones, que sólo estaba nerviosa.

Ocho meses después, con 39 años, Theresa fue enviada al Willard. Tampoco en esta institución creyeron que hubiese sido una religiosa. En su expediente se la describe como: "ruidosa y delirante".



Objetos personales contenidos en la maleta de Theresa

Theresa, traumatizada por la dura existencia en el Willard, se evadió asumiendo otras identidades alternativas, entre las que se encontraba una niña de nueve años. Después de permanecer en este asilo mental 30 años, murió a la edad de 69 años y su cuerpo fue utilizado con fines científicos.

Lawrence



Lawrence nació en 1878 en el Imperio Austro-Húngaro. En su juventud, sirvió en el ejército. Tras licenciarse, se dedicó a recoger chatarra y al comercio ambulante de objetos de metal. Alrededor de 1900, dos acontecimientos cambiaron su vida: recibió una grave lesión en la cabeza, como consecuencia de una pedrada, y comenzó a beber frecuentemente en exceso. Terminó siendo ingresado en un hospital mental de Düsseldorf, Alemania, donde permaneció cerca de un año.

En 1907, se trasladó a Nueva York. Encontró trabajo como limpiador de ventanas en el Hospital Bellevue. En 1916 fue ingresado en un psiquiátrico porque iba por la calle cantando ruidosamente, gritando que escuchaba la voz de Dios, afirmando que podía ver a los ángeles y que había pecado mucho. En 1918, fue enviado al Willard.




En la imagen superior, contenido de la maleta de Lawrence

En su expediente se sostenía que Lawrence era un paciente difícil y solitario, pero un buen trabajador. En 1937, se convirtió en sepulturero del Willard. Este oficio, en un principio no remunerado (el trabajo no remunerado fue prohibido en los centros psiquiátricos a partir del año 1973), agradaba a Lawrence porque le permitía huir de la rutina asfixiante que se vivía en las salas del psiquiátrico. Durante el buen tiempo, se le permitía vivir en una choza dentro del recinto del cementerio y regresar al hospital sólo para comer.



En 1945 escribió una carta al director del Willard solicitando su liberación. Argumentó que había sido un trabajador excelente, excavando más de 600 tumbas en ocho años. Sin embargo, Lawrence continuó como sepulturero en el psiquiátrico hasta pocos días antes de su muerte, a los 90 años, en 1968. Permaneció en la institución mental durante 50 años. Fue enterrado anónimamente en el cementerio que él mismo había cuidado durante tantos años.
Margaret



Fotografías de Margaret colocadas sobre su maleta

Margaret nació en Edimburgo, Escocia, en 1892. Según una de sus tías, era "una niña brillante y feliz que sufrió la desgracia después de la desgracia". Su padre, un marino mercante, murió de tuberculosis cuando ella tenía 7 años. Su madre, que volvió a casarse al poco tiempo, fue acusada por las autoridades de descuidar a sus hijas, de modo que Margaret y su hermana Marie ingresaron en un orfanato. Margaret se hizo enfermera y su vida, a pesar de la guerra y los bombardeos que sufrió el hospital donde trabajaba, comenzó a agradarle. Sin embargo, la muerte de su novio en Francia, unas semanas después de ir al frente, volvió a dejarla sola y apenada.

Emigró a los Estados Unidos en 1921 y se inscribió en unos estudios de postgrado en enfermería en el Hospital de la Mujer de Nueva York. Durante su formación, sufrió una lesión grave en la cabeza. En 1925 contrajo la tuberculosis y tuvo que abandonar su trabajo en el Hospital de la Mujer. Durante seis años permaneció en hospitales para tuberculosos. Tras su rehabilitación, sólo pudo encontrar trabajo en este tipo de instituciones.

A pesar de su dura vida, Margaret era una mujer alegre, viajó mucho, tenía un excelente grupo de amigos y un coche propio.


Contenido de la maleta de Margaret



Taza de té perteneciente a Margaret

Tras perder al doctor que siempre la había atendido, que era también su amigo y confidente, su nuevo médico consideró que sus problemas emocionales requerían su ingreso en un psiquiátrico. Fue admitida en el Willard el 28 de junio de 1941. Debió de ser realmente duro para Margaret que no le permitieran conservar sus pertenencias puesto que llevó al asilo mental un gran número de sus posesiones. En concreto, en el ático se encontraron 18 maletas, cajas y baúles.

Tenía 48 años cuando fue internada en el Willard. En su entrevista de admisión, se refirió a sí misma como una "mosca en una tela de araña" y accedió a quedarse sólo hasta que encontrase un lugar mejor para ella. Pero eso nunca sucedió.



En la imagen superior, libros y objetos personales de Margaret

Durante sus 32 años en Willard, no recibió psicoterapia sino que le suministraron grandes dosis de tranquilizante Thorazine. Según los registros, se dedicó a tejer y a leer. Falleció el 17 de agosto de 1973.


Roderigo



Roderigo provenía de una acaudalada familia de la clase alta filipina. En 1907 se trasladó a Estados Unidos para asistir a la escuela en Salt Lake City.


Compañeros de colegio de Roderigo

Ya de adulto, se mudó a Chicago y después a Buffalo, donde, a pesar de su formación, trabajó como empleado doméstico de uno de los médicos más famosos de la ciudad. Durante este tiempo, Roderigo se planteó convertirse en un ministro metodista. Sin embargo, comenzó a deprimirse y a oír voces que lo acusaban de ser un pecador y el médico para el que trabajaba decidió internarlo en el Hospital Estatal de Buffalo en 1917. Tenía 29 años.



En octubre de 1919, fue trasladado al Willard Psychiatric Center. En su expediente se incluía la siguiente descripción de su carácter:



Fácilmente entabla conversación con cualquier persona, es sociable, muy bien educado, amable, cortés, cooperativo, ordenado y limpio, nunca causa problemas. Está muy dispuesto a ayudar con el trabajo de jardinería... lee libros y escribe poesía sencilla.


El personal del psiquiátrico estaba muy impresionado de los conocimientos de música clásica y de poesía que tenía Roderigo.


Contenido de la maleta de Roderigo

A finales de 1960, se le ofreció la oportunidad de vivir, junto a un grupo de pacientes, fuera del Willard, pero él declinó la oferta. Se encontraba tan habituado a su vida en aquella institución mental que ya no deseaba salir de allí. En su expediente se encontró la siguiente observación:


En cuanto a su duración, los años de institucionalización parecen haber sido un error, ya que este hombre actualmente posee un estado mental perfecto


Con el tiempo, Roderigo fue perdiendo la vista y fue trasladado a una sala para pacientes ciegos. Murió en 1981, después de permanecer en el Willard 62 años.

Ethel


Ethel nació en Ithaca, NY, en 1889. Era hija de un pastor metodista. Cuando tenía 18 años, se casó con un plomero. Su marido bebía demasiado, era violento y tenía muchas amantes. Ethel tuvo dos hijos, sufrió dos abortos involuntarios y dio a luz a dos hijos más, que murieron en la infancia.

Cuando ya no pudo seguir aguantando aquella relación, abandonó a su marido y comenzó a ganarse la vida como costurera. Su maleta contenía ropa de alta calidad que ella había confeccionado: una fina colcha cosida a mano, un precioso vestido de bebé bordado y zapatitos de bebé.

En 1930, fue admitida en el Willard. Su expediente indica que fue ingresada a petición de su casera porque se negaba a abandonar la habitación que tenía alquilada y solo quería permanecer en la cama alegando que estaba enferma.


Objetos personales de Ethel

Ethel fue descrita como una paciente muy sociable y locuaz, limpia y bien vestida. Sin embargo, en algunas ocasiones, era excesivamente sarcástica e irritable y se negaba a trabajar. Le gustaba leer y hacer ganchillo.



Al principio, sus hijos la visitaron unas cuantas veces pero después dejaron de hacerlo, a pesar de que la hija era miembro del personal del psiquiátrico. Durante los 43 años que permaneció en Willard, no recibió medicación. Murió en 1973.

Os dejo, finalmente, con algunas imágenes espectaculares del Willard Psychiatric Center abandonado.








La imagen superior pertenece a la morgue del Willard


Otra imagen de la morgue


Lavabos


Galerías de los sótanos del Willard

Otra imagen de uno de los sótanos del psiquiátrico

Las siguientes imágenes pertenecen al cementerio del Willard, donde los pacientes fallecidos eran enterrados de forma anónima (salvo por un número de identificación).












35 comentarios:

  1. [...] 1 Las maletas abandonas del Willard Psychiatric Center [...]

    ResponderEliminar
  2. wow!!!, me quede realmente impactada!! ¿con que autoridad se ingresaba a estas personas a este hospital?, que fácil era... "fue ingresada a petición de su casera porque se negaba a abandonar la habitación que tenía alquilada" "En cuanto a su duración, los años de institucionalización parecen haber sido un error, ya que este hombre actualmente posee un estado mental perfecto" que cosa mas espeluznante, y los tratamientos igualmente crueles, me quede con ganas de seguir leyendo mas historias, voy a investigar un poco. Saludos desde méxico!!

    ResponderEliminar
  3. Estos casos que mencionas son realmente duros. Yo creo que Roderigo nunca fue un enfermo mental pero se habituó a vivir dentro del psiquiátrico y cuando se le ofreció la libertad, reconociendo el centro que ya no padecía ningún trastorno, él se negó a salir de allí. Es terrible.

    Dalia, gracias por tu comentario.

    Saludos!

    ResponderEliminar
  4. ¡Genial post!
    La verdad me pregunto qué hubiera pasado si estos pacientes hubieran podido salir de la institución algunos años antes de su muerte. En especial Roderigo. Haber entrado durante la primera guerra mundial y salir en los '80 (o incluso en los '70) y ver que el mundo ha cambiado tanto en tan poco tiempo. Darse cuenta de los grandes cambios políticos y económicos que sucedieron es asombroso.

    ResponderEliminar
  5. Un largo tiempo sin tener noticias tuyas Indira ( ya había un poco de mono),
    pero como siempre una entrada inmejorable. Me ha encantado el análisis de casos de los pacientes internos,te hace sumergirte más en como era la vida en esos viejos psiquiátricos: tan fríos por fuera, pero en el que vivía gente que en mayor o menor medida aportaban algo de humanidad al centro, aunque se les aplicases duras terapias.

    Un saludo y te animo para que sigas escribiendo, tus entradas son fantásticas y sobre todo muy curiosas.

    ResponderEliminar
  6. [...] Las maletas abandonas del Willard Psychiatric Cente www.ovejaselectricas.es/?p=2081  por mezvan hace 2 segundos [...]

    ResponderEliminar
  7. Vaya!! Impresionante!! Haces un trabajo de investigación increíble, Indira!! Me he quedado atónita con las historias y muy conmovida. Sigo preguntandome, cómo es posible que se les haya quitado la identidad a las personas...y ese abuso de fármacos. No se escucha...
    Me ha llamado mucho la atención la vida de la secretaria...sus fotos, la firme resolución de no querer seguir ingresada, y la poca investigación de porqué hacia determinados movimientos.
    Hoy en día ir al médico y contar algo preocupante es sinónimo de lexatin y otros farmacos similares. No estoy en contra de ellos...pero sí de su abuso. Hay que aprender a vivir de diferentes maneras y el dolor llevarlo al lugar adecuado. Al igual que la tristeza. Me encuentro en mi entorno, con muchas dificultades para que los médicos entiendan que se trata de un diálogo...donde la persona que solicita la ayuda, no deja de ser alguien que decide sobre qué ayuda tomar. En fin...Me encanta la salud mental y me estoy acordando mucho de ti con un libro que me estoy leyendo. Estoy deseando terminarlo para contarlo.
    Un abrazo y espero y deseo que estés pasando un feliz verano.

    ResponderEliminar
  8. Anónimo, no sé hasta que punto estaban aislados los pacientes. Supongo que tendrían televisión y conocerían algunos aspectos del exterior pero, sin duda, vivían al margen de la sociedad, en un mundo aparte.

    Rouber, muchas gracias por tu interés. Siempre intento publicar con más frecuencia pero lo cierto es que, por unos motivos u otros, el blog no se actualiza tanto como yo quisiera.

    María, también a mí me impresionó mucho la historia de Madeline. Era una chica culta, profesora en varios colegios, había viajado mucho y parecía tener un futuro estupendo. Parece que pasó un bache en su vida, en la época de la Gran Depresión, y ya no le dieron opción a superarlo. Supongo que en el psiquiátrico creerían que estaban haciendo lo mejor por ella. Es terrible.

    Ya me contarás qué libro de salud mental estás leyendo y qué te parece.

    Que pases tú también un estupendo verano, María. Nosotros, a finales de este mes, iremos con los niños a Madrid (ya sabes, zoo y parques de atracciones) y en agosto volveremos a Londres :). Un gran abrazo.

    ResponderEliminar
  9. Uff, vaya historia Indira. Ya sabes que siempre esperando....
    Es curioso como estas formas de aislamiento consiguen cambiar el sentido de vivir de algunas personas que "supuestamente", se consideran en su sano juicio. Y no es de extrañar, hace poco un preso en Argentina llamado Oscar Cubillos después de un montón de años entre rejas, se negó a recuperar su libertad cuando se cumplió su condena. Se encontraba muy bien en la cárcel.(A empujones tuvo que salir).
    Por cierto, me parece que quieres decir "abandonadas"...
    Feliz verano :-)

    ResponderEliminar
  10. Algunos se adaptaron y ya no quisieron incorporarse de nuevo a la sociedad. Eso es terrible pero creo que todavía es peor el caso de aquellos pacientes que nunca se conformaron con el encierro y consideraban que no debían estar allí.

    Gracias por corregir la errata, Josete, me quedó muy andaluz: "abandonás" :D

    Feliz verano para ti también :)

    ResponderEliminar
  11. ¡¡Qué alegría me he llevado cuando he visto que había nueva entrada !! Y que sensación de inquietud que he sentido cuando la he leído... Personas que simplemente hubieran necesitado ayuda psicológica por depresión o por crisis de ansiedad...terminar así , en contra de su voluntad...
    Maravillosa entrada Indira, ojalá podamos disfrutar de alguna otra durante el verano.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  12. Indira, perdona, el libro que leo actualmente no es que hable directamente de la salud mental (me expliqué mal),...se percibe, dado que una de las protagonistas tiene que abandonar un psiquiátrico. Creo que lo terminaré pronto y hablaré de él. Quizá para cuando vuelvas de ese viaje a Londres!!! Qué maravilla!! Espero que me cuentes por donde os queréis perder en esta ocasión.
    Y sí...con nenes, el zoo es de los mejores sitios para estar en Madrid...Disfruta mucho del verano y de las vacaciones!!
    Un besin enorme!!

    ResponderEliminar
  13. Muchas gracias, Silvia. Me alegro de que te interesara esta entrada. Yo también espero publicar algún que otro post durante el verano. Un abrazo también para ti :)

    María, queremos ir a muchos sitios que nos hacen ilusión: visitar la National Portrait Gallery, volver al British Museum, a la librería Hatchards, y quizás comprar algunos libros, visitar Oxford y Cambridge.... También, como tú aconsejas en tu fantástico blog, nos gustaría no llevarlo todo programado y disfrutar de las calles, los parques, los mercados... En fin, ya te contaré. Otro beso grande para ti :)

    ResponderEliminar
  14. Una entrada sublime :)

    La vida nos lleva a veces por unos caminos que nunca sabremos el estado en el que nos va a dejar.

    Sinceramente, pienso que muchos casos de la gente ingresada en centros psiquiátricos son forzados por la medicación, aunque evidentemente habrá excepciones.

    Me ha encantado esta entrada.

    Gracias.

    ResponderEliminar
  15. Gracias a ti, Pablo, por leernos. Saludos

    ResponderEliminar
  16. Si me permites salirme un poco del tema...

    Muchas veces piden más entradas en el blog, yo creo que siempre es preferible la calidad antes que la cantidad, así que tómese su tiempo si van a seguir siendo tan buenas las cosas que publique. Además, sé por experiencia que el tiempo siempre se hace poco ;-)

    ResponderEliminar
  17. Muchas gracias, Satur, por la buena opinión que tienes de este blog. La verdad es que también agradezco que algunas personas quieran que las entradas sean más frecuentes. Está claro que tienen interés en las historias que aquí compartimos. Lamentablemente, resulta complicado encontrar tiempo para actualizar el blog. Saludos :)

    ResponderEliminar
  18. Una entrada interesante. Uno no se imagina que historias pueden revelar objetos personales como aquellos. Finalmente las cosas materiales están ligadas a el quehacer y personalidad de la gente.
    Me ha gustado bastante :D
    Saludos!

    ResponderEliminar
  19. Resulta conmovedor esa deriva de vidas truncadas por la soledad y la incomprensión. La medicación les atontaba y les llenaba de estereotipias. Les apartaron de su ropa, sus libros, sus fotos... privados de libertad, sin apenas recordar quienes fueron. Hermoso homenaje, muchas gracias Indira.

    ResponderEliminar
  20. Wow, me dejó impresionado, con un sentimiento de vacío y familiaridad al mismo tiempo. Será porque mi peor miedo es a perder el control y volverme loco. Gracias por el texto.

    Les recomiendo un libro, que ya no encontrarán en original, hace varias décadas que no sale. Se llama Revelaciones de la Psiquiatría y es una gran obra.

    ResponderEliminar
  21. Minerva, MereGlass, Zikz, muchas gracias por vuestros comentarios. Saludos!

    ResponderEliminar
  22. La verdad es que algunas fotos si que dan bastante miedo... :(

    ResponderEliminar
  23. Hace tiempo que sigo tus trabajos y tan sólo quiero darte las gracias por tu esfuerzo por compartir historias a veces tan amargas como esta. La naturaleza del ser humano es cruel y olvidadiza, es bueno mirar atras para enmendar los errores cometidos.

    ResponderEliminar
  24. WOW! me encanto la entrada, sentí casi nostalgia es increíble que fácil podían ser tomados por locos por la la ignorancia de la época :( ...¡que digo! que fácil es tomado por loco por ignorancia!

    ResponderEliminar
  25. Tan sólo hay una línea que separa cordura de la locura... Impresionante artículo, como siempre :)
    Un abrazo,
    Noemí.

    ResponderEliminar
  26. Gracias a todos por los nuevos comentarios. Perdonad que haya tardado en aprobarlos y contestarlos. Hemos estado de viaje.

    Saludos afectuosos :)

    ResponderEliminar
  27. Bueno espero y las maletas hubieran tenido algo de valor.. aunque si eran de personas que iban a psiquiatra pues no lo creo jeje.

    ResponderEliminar
  28. ME HA ENCANTADO ESTE BLOG. HAN HABIDO MUCHAS VECES QUE HE QUERIDO BUSCAR COSAS INTERESANTES EN INTERNET PARA LEER Y NO ENCONTRABA, HASTA HACE UNOS DIAS QUE DI CON ESTE SITIO WEB. ESPERO QUE NO DEJEN DE PUBLICAR NUEVAS ENTRADAS, DA GUSTO PASAR EL TIEMPO LEYENDO ARTICULOS COMO ESTE.!!!

    ResponderEliminar
  29. Les felicito por su blog. He llegado aquí por casualidad al buscar en Internet datos sobre la conquista del Polo Sur, llegando entonces a esta dirección: http://www.ovejaselectricas.es/?p=693 y desde aquí al inicio del blog.
    Me gusta mucho su contenido y su forma de expresión tanto escrita como en imágenes. Desde hoy me cuentan entre uno más de sus seguidores.
    Muchas gracias por el contenido que ofrecen. Reciban un cordial saludo

    ResponderEliminar
  30. Muchísimas gracias por tus palabras, Miguel y bienvenido al blog.

    Saludos!

    ResponderEliminar
  31. Wow muy interesante, al igual que miguel yo llegue por casualidad, estava buscando informacion sobre el Maellus Maleficarum (”Martillo de las brujas”) y un post de taringa me mando por acá.

    Por lo que veo los ingresaban por casi cualquier motivo que en estos tiempos es normal, o al menos aqui, pues eso de "En 1916 fue ingresado en un psiquiátrico porque iba por la calle cantando ruidosamente, gritando que escuchaba la voz de Dios, afirmando que podía ver a los ángeles y que había pecado mucho" suele suceder los fines de semana en las madrugas, demasiados borrachos a esa hora en el centro xD

    ResponderEliminar
  32. Muy interesante el artículo, enhorabuena.
    La verdad es que deja un sentimiento de perplejidad e injusticia social...
    Me recuerda mucho a la misma sensación que me dejó la película de Leonardo Di Caprio, Shutter Island, que como sabéis está basada en el programa secreto estadounidense llamado MK ULTRA, en donde cogían a cobayas humanas, normalmente civiles captados por sufrir de simples crisis de ansiedad por ejemplo, para "investigar" los límites de la psique humana.
    Si lo buscáis por internet encontraréis mucha información con facilidad y la verdad es que es muy interesante, ya que de aquí, por ejemplo, salieron los modos de control mental y tortura que posteriormente se han utilizado en Guantánamo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Welba, me alegro de que te interesara este post. Por lo que comentas, merece la pena ver esta película de Leonardo Di Caprio pero aún no he tenido la oportunidad de hacerlo. Muchas gracias por tu comentario y un saludo.

      Eliminar
    2. Yo vi esa película. Es genial. Mucho suspenso y muy entretenida.
      Me gustó muchísimo esta entrada. Muy buena información

      Eliminar