domingo, 29 de julio de 2012

Hurriers, tramperos y otros niños, asalariados o esclavos, de la Revolución industrial



La Revolución Industrial trajo una inmensa prosperidad al Imperio Británico, que llegó a gobernar el mercado global, dominando el comercio del algodón y de otras materias primas. Sin embargo, para lograr este éxito económico sin precedentes, muchos obreros, incluyendo niños de corta edad, pagaron un alto precio realizando trabajos extenuantes en unas deplorables condiciones laborales.


Los pequeños, en sus distintos oficios, corrían todo tipo de riesgos: algunos eran mutilados o decapitados por la maquinaria que usaban, otros fallecían en las minas como consecuencia de explosiones o siendo atropellados por las vagonetas, muchos llegaban a padecer cáncer de pulmón a una temprana edad, algunos se quedaban ciegos... Sin embargo, como veremos, el escaso salario que aportaban era necesario para que la familia pudiese sobrevivir y, con frecuencia, los padres los ponían a trabajar incluso con tres o cuatro años. Peor todavía lo tenían los niños abandonados y huérfanos de los hospicios, que podían ser vendidos a los dueños de las fábricas, donde trabajaban sin salario.

A partir de mediados del siglo XVIII, muchas familias, buscando mejores oportunidades, abandonaron las zonas rurales de Inglaterra y se trasladaron a ciudades industriales. Allí vivieron hacinadas en casas insalubres de barrios obreros, donde se propagaron todo tipo de enfermedades como tuberculosis, cólera y fiebre tifoidea.


Niñas mineras de Estados Unidos. Fotografía de Lewis Hine, tomada entre 1906 y 1908, para la revista The Survey 


Las condiciones de trabajo, muy duras e insanas, no sólo las soportaron los adultos sino también numerosos niños trabajadores. Jane Humphries, profesora de Historia de la economía de Oxford, descubrió que el trabajo infantil era mucho más común y económicamente importante de lo que se creía. Sus investigaciones sugieren que, en el siglo XIX, Inglaterra tenía más de un millón de niños trabajadores, que representaban el 15% de la fuerza laboral total.


En Estados Unidos la situación no era mejor. A principios del siglo XX, Lewis Hine, sociólogo y fotógrafo, mostró a través de su trabajo la terrible situación en la que vivían estos niños trabajadores, intentando ayudar en los esfuerzos para poner fin al trabajo infantil.


Fotografía de Lewis Hine. Francis Lance, de 5 años, saltaba dentro y fuera de los tranvías en movimiento para vender periódicos. St. Louis, Missouri.


Los obreros cobraban un salario escaso, que no les permitía tener una vida digna. La paga de los niños era aún inferior a la de un varón adulto, aunque su trabajo fuese muy similar al realizado por aquél (no había necesidad de fuerza física para operar con una máquina industrial).



 Fotografía de Lewis Hine. Furman Owens, de 12 años, confesó que no sabía leer ni escribir. Le dijo a Hine que quería aprender pero que trabajaba todo el tiempo.


Es difícil entender en la actualidad que unos padres obligaran a sus pequeños hijos a trabajar en actividades muy peligrosas y agotadoras, pero el grado de miseria de estas familias era tan grande que sólo de ese modo podían llegar a sobrevivir. Algunas familias se refugiaban en sótanos llenos de ratas y aguas residuales, con 30 personas hacinadas en una habitación individual. La mayoría de los niños estaban desnutridos y enfermos y su esperanza de vida, en la década de 1830, se redujo a sólo 29 años .



En esta ilustración de 1870, Gustave Doré muestra el ambiente densamente poblado y contaminado de los barrios obreros de Londres


Esos pocos centavos adicionales que podía llevar a la casa el niño trabajador podrían servir para comprar un poco de pan o combustible para el fuego, evitando que su familia y él mismo muriesen de hambre o de frío. Por ese motivo, los niños se sentían felices de poder colaborar con su aportación.La madre de Robert Wattchorn comentó emocionada que el primer día que su hijo fue a trabajar a la mina, regresó con unas pocas monedas, que contaba una y otra vez, con los ojos llenos de lágrimas.

Si los padres enviaban a sus hijos a trabajar con una gran pena y remordimientos, los hospicios, donde se hacinaban los niños huérfanos y abandonados, no tenían esos escrúpulos. Un niño que trabajaba era una boca menos que alimentar, por lo que, frecuentemente, se vendían como aprendices en las fábricas. A cambio de alojamiento y comida, trabajaban sin salario hasta la edad adulta. Si se escapaban, eran capturados, azotados y devueltos a su dueño, como si fuesen esclavos. Algunos eran encadenados para evitar su fuga.




Niños mineros. Fotografía de Lewis Hine.


Niños mineros. Fotografía de Lewis Hine

El trabajo de estos niños mineros era especialmente peligroso: algunos murieron al caerse en el camino de los carros, otros a causa de explosiones de gas y muchos desarrollaron cáncer de pulmón y otras enfermedades, llegando a fallecer antes de cumplir 25 años.


Los hurriers, en las minas de carbón, a veces con sólo 3 o 4 años de edad, se arrastraban en la oscuridad por claustrofóbicos túneles, empujando con su cabeza pesados carros (corf) cargados del carbón que se había extraído. Inhalaban polvo, destrozaban sus rodillas por el rugoso suelo e, incluso, perdían frecuentemente el pelo por la zona de su cabeza que empleaban para empujar la vagoneta.


Ilustración del libro, publicado en 1853, "Los esclavos blancos de Inglaterra", de J. Cobden. Se distinguen dos niños empujando un corf  lleno de carbón, mientras una mujer tira de él.


Una jovencita arrastrando una caja de carbón por un estrecho túnel


Niños mineros. Fotografía de Lewis Hine

Los que aún no eran suficientemente fuertes como para tirar o empujar el corf, se dedicaban a abrir y cerrar trampillas para que después pudiera pasar la vagoneta. Recibían el nombre de tramperos. Una trampera, Sarah Gooder, de 8 años, le confesó a un inspector que sentía miedo en la mina:
"Tengo que trabajar sin luz y me da miedo... Voy a las cuatro y a veces las tres y media de la mañana, y salgo a las cinco y media de la tarde".


Fotografía de Lewis Hine. Al final de la jornada laboral, los mineros esperan para subir a la superficie. Lo hacen en esa especia de jaula, abierta por dos lados y no muy bien protegida por los otros dos y, generalmente, llena de personas. El niño pequeño que se encuentra entre los demás mineros adultos se llamaba Jo Puma. South Pittston, Pennsylvania
La mayoría estaban agotados por tener una jornada laboral tan larga. Cuando regresaban a sus casas, sólo querían dormir. Algunos tramperos, como dijimos, se quedaron dormidos en los túneles y murieron atropellados por los carros. A veces, estaban tan cansados, que se olvidaban de cerrar las compuertas, permitiendo que el gas se filtrase en el túnel y provocara una explosión. Así le sucedió a Joseph Arkley, de 10 años. La explosión que se produjo en la mina acabó con su vida y la de otras diez personas.

Tampoco era fácil la vida en las fábricas. Muchos niños perdieron piernas o manos, trituradas en la maquinaria e, incluso, algunos fueron decapitados. Los que quedaron mutilados perdieron además sus empleos. En una fábrica, cerca de Cork, en sólo cuatro años hubo seis muertos y 60 mutilaciones.


Fotografía de Lewis Hine. Esta familia trabajaba en una fábrica de algodón de Tifton, Georgia. Los cuatro niños más pequeños todavía no llegaban a hacerlo. La madre le comentó al fotógrafo que, tanto ella como sus hijos, ganaban 4,50 dólares a la semana. No podía evitar que los niños trabajasen porque su marido había fallecido, dejándola con 11 hijos. Dos de ellos se habían casado y se marcharon de la casa, pero tenía que alimentar a los demás.

En las fábricas de algodón, los niños podían trabajar hasta 14 horas al día, seis días a la semana, respirando las fibras de algodón y utilizando una peligrosa maquinaria. 


 Fotografía de Lewis Hine. Una hilandera de una fábrica de algodón de Estados Unidos. Se le preguntó su edad y dijo que no la recordaba, pero añadió, confidencialmente, que sabía que no tenía edad para trabajar pero que, de todos modos, la habían contratado. Le pagaban 48 centavos de dólar al día, aunque a veces su jornada laboral era también nocturna. En la fábrica, de los cincuenta obreros que allí trabajaban, diez tenían su tamaño.


Fotografía de Lewis Hine. Esta niña era tan pequeña que el capataz le comentó a Hine que no trabajaba allí habitualmente. Era frecuente disculparse de ese modo, diciendo que había ido ese día para ayudar a un hermano o por cualquier otro motivo. 


Fotografía de Lewis Hine. Algunos niños eran tan pequeños que tenían que subirse a la máquina de hilar para reparar los hilos rotos y colocar las bobinas.


Fotografía de Lewis Hine. Esta niña para un momento para ver el mundo exterior. Trabajaba en una fábrica de algodón de Carolina del Norte.


Los que trabajaban en fábricas de cerillas, desarrollaron frecuentemente fosfonecrosis, como consecuencia de inhalar los vapores de fósforo. Se trataba de una enfermedad muy dolorosa, que causaba graves daños cerebrales y desfiguraba al paciente. El tejido óseo de la mandíbula iba pudriéndose y el paciente sólo podía salvar su vida si se le extraían los huesos afectados.


También era peligroso el trabajo en las fábricas de vidrio. Con frecuencia, los empleados sufrieron importantes quemaduras o, incluso, se quedaron ciegos.


Fotografía de Lewis Hine. Rob Kidd, trabajaba en una fábrica de vidrio. Alexandria, Virginia.


Fotografía de Lewis Hine. Tres niños, menores de 14 años, en una fábrica de cigarros.


Fotografía de Lewis Hine. Michael McNelis, de 8 años, era vendedor de periódicos. Este chico acababa de recuperarse de su segundo ataque de neumonía. Fue encontrado vendiendo periódicos en medio de una gran tormenta. Filadelfia, Pensilvania.

¿Cómo el resto de la sociedad permanecía impasible ante esta explotación infantil? Para la gente adinerada, los pobres eran invisibles, una subespecie humana que no tenía los mismos sentimientos que ella y cuyas desgracias no eran importantes. Cuando se cruzaban por la calle con uno de estos niños, sucio, desnutrido y harapiento, sólo conseguían sentir rechazo y repugnancia.



Fotografía de Lewis Hine. Manuel, de 5 años, recogía camarones pequeños. Hine quiso hablar con él pero sólo hablaba español. Biloxi, Mississippi.


Fotografía de Lewis Hine. Trabajando en familia.


Pequeño deshollinador inglés.

Sin embargo, poco a poco, la sociedad comenzó a concienciarse de los abusos de que eran objeto estos pequeños y la protesta pública permitió que los políticos tratasen de limitar el trabajo infantil a través de la ley. A pesar de la resistencia de muchos empresarios, en 1833 se aprobó en Inglaterra una ley que prohibía a los niños de 9 años el trabajo en las fábricas de tejidos; los menores de 13 años no trabajarían más de 12 horas; y, además, se prohibía el trabajo nocturno. Posteriormente, se promulgó en 1844 una nueva ley que estableció una serie de medidas protectoras para el uso de la maquinaria peligrosa y prohibió que las mujeres y los niños tuviesen jornadas de más de 12 horas. Más tarde, el 8 de junio de 1847, el Parlamento británico aprobó una nueva norma que establecía, para mujeres y niños, una jornada laboral máxima de 10 horas. Sin embargo, muchos dueños de las fábricas, aprovechándose de la escasez de inspectores, frecuentemente no cumplieron los términos de las leyes. Por desgracia, algo similar pasó también en otros países.

Enlaces: historyplacedailymail.co.ukwikipedia1 y 2monografiastebyanindependent.co.uk.

28 comentarios:

  1. Esto se les olvido mostrar en la ceremonia de apertura de los JJOO....Gran articulo y buenisima aportacion fotografica

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  2. NandoFrankie, muchas gracias.

    Saludos!

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  3. Pobres niños se les privó de tantas cosas, es muy duro imaginarme lo que debió de haber sido su vida.

    Que gusto abrir el reader y encontrarme con una entrada de ustedes, saludos!!

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    1. También a mí me ha entristecido mucho la historia de estos pobres niños y de sus padres, que no podía evitar ponerlos a trabajar desde pequeños.

      Hana Lara, muchas gracias por tu comentario. Saludos!

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  4. Excelente entrada, realmente aprecié mucho la information y las fotografìas. Desde mi punto de vista fue triste la vida de esos chicos privados de vivir su infancia, sin embargo lo màs triste es que el trabajo infantil est aùn una dura realidad en muchos paìses, a pesar de leyes y tratados que protegen a los màs pequenos.
    Saludos!

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  5. Como siempre, me sacáis una sonrisa cuando hay una nueva entrada en vuestro blog.

    Os sigo desde hace mucho y me encantán los temas que tratais. Desde luego que no dejáis a nadie indiferente.

    Muchas gracias por todo Ovejas!

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    1. Loom Twidok, muchas gracias a ti por seguirnos y por la opinión que tienes de este blog :)

      Saludos!

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  6. Qué pena q en la presentación de la Revolución Industrial por parte de Inglaterra -por TV- en la inauguración de la Olimpiada 2012 no salieran ninguna de las fotografias sin trucaje de estas q están en el informe, peró eran otros tiempos claro...

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  7. Que buen Articulo. . . . Me gusta como desarrolas tus temas, estasmos siempre pendientes de tus articulos.

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  8. Muchas gracias, frederic y Anónimo. Me alegro de que os haya interesado este nuevo post.

    Saludos!

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  9. Trabajando desde pequeñitos, magníficas fotos.

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  10. Otra gran entrada :)
    Me parece increíble que se llegara a eso. No entiendo por qué se tienen hijos cuando no se va a poder mantenerlos. La justificación de "para que saquen a la familia de la pobreza" me parece muy egoísta. Francamente horrible.
    Las fotos son buenísimas.
    Gracias,
    Noemí.

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    1. Pues sí, es horrible. También es cierto que los anticonceptivos no funcionaban como ahora y no se usaban de forma generalizada.

      Me alegro de que te haya interesado el post, Noemí. Muchas gracias por tu comentario :)

      Saludos!

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  11. Me ha encantado encontrar un nuevo post en este blog que me gusta tantísimo y que recomiendo con frecuencia a mis amigos.
    Os echaba de menos.
    ¡Gracias!

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    1. siouxie, muchísimas gracias por tus palabras. Me alegro de que te guste el blog.

      Por cierto, he pasado por el tuyo (que no conocía) y he disfrutado mucho. Muy bueno el post en el que hablas de los cartelitos que te ponía tu madre y los que ahora te va poniendo en casa tu hija.

      Saludos!

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    2. Me alegro mucho de que te haya gustado mi blog, que hace un montón de tiempo que no actualizo :S . Gracias por tu lectura !

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  12. Qué bien están tus artículos. Me encanta leerlos!! Viajo en el tiempo contigo, y veo la cara de esos niños y niñas que aún no tenían ni pensamiento para trabajar. Las fotos están muy bien escogidas. Me ha venido a la mente la película de "Norte y Sur" de la BBC. ¿La has visto? De un modo algo lejano trata esta situación...
    Ciertamente, como bien dices, les deben a los menores, gran parte de esa gran revolución industrial.
    Un beso grande!!

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  13. Sí he visto Norte y Sur de la BBC. Me gustó mucho y es cierto que se toca este tema. Los trabajadores tenían que respirar aquel aire insano, en el que flotaban fibras de algodón que terminaban en sus pulmones y los hacían morir a algunos muy jóvenes (como la amiga de la protagonista).

    Muchas gracias por tus palabras, María. Otro beso grande para ti.

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  14. Qué triste historia, y qué bueno que hayan vuelto.

    Por favor, no dejen de postear. Siempre tienen excelentes historias que contar, siempre las cuentan bien. Un abrazo.

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  15. Sí, es un historia muy dura. Los niños deberían vivir una buena infancia, protegidos por los padres, pero, desgraciadamente, en muchos casos no es así.

    YoSoyElCarlos, te agredezco mucho la opinión que tienes de este blog. Un abrazo también para ti.

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  16. Como siempre, Buenisimo, hace mucho que esperaba algo nuevo..Gracias..!!!

    Bueno la historia es triste, pero mi padre fue hijo ilegitimo en el Chile de principios del siglo pasado, sufrió miserias, hambre explotación infantil y jamas pudo estudiar, mi madre también la 2 de 11 hermanos hija de campesinos muy pobres y humildes sufrió lo mismo, pero de parte de su madre, mas las palizas que esta le propinaba. Lo que hoy podemos hacer es darles a los niños la mejor infancia que podamos, enseñarles a ser seguros de si mismos y felices.....

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    1. Anónimo, cuánto siento que tus padres hayan tenido una infancia tan terrible. No sé cómo una madre puede dar palizas a un hijo.

      Estoy de acuerdo contigo, los niños (que son tan vulnerables e indefensos) deberían tener una infancia feliz, sintiéndose queridos y seguros.

      Muchas gracias por tu comentario y un abrazo.

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  17. muy buen articulo... demasiado completo, me encanto y con muy buenas fotografías

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    1. Muchas gracias, Marian, me alegro de que te interesara.

      Saludos!

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  18. Triste historia... Muy bien documentada.

    Jelens

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  19. De verdad me dio mucho tristeza saber esa historia en esa epoca la gente era tan inhumana que me dan lastima buen articulo

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  20. Un autentico placer leerte de nuevo. Tus posts son de enciclopedia. Magnifico.
    Un abrazo!!!

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    1. Muchas gracias, Esther. Para mí también es un placer leer tus entradas. Transmites de maravilla cómo se vive en Japón. Por cierto, me encanta el nuevo aspecto del blog.
      Un gran abrazo!

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