Archivo de la Categoría 'Ciencia'

Besos y demencia tras la misma lente

En los años 30, el fotógrafo Alfred Eisenstaedt realizó para la revista LIFE numerosas fotografías de enfermos mentales en distintos psiquiátricos norteamericanos.

Alfred Eisenstaedt  -autor de la célebre fotografía, The Kiss,  en la que un marinero besa a una enfermera para celebrar la rendición de Japón en la II Guerra Mundial- recogió con su cámara imágenes realistas y muy impactantes acerca de cómo era la vida cotidiana de estos enfermos. Estas personas, hacinadas en grandes edificaciones, eran sometidas contra su voluntad a las terapias de moda de aquella época (lobotomías, coma insulínico…) y, aunque algunas mejoraban (por ejemplo, el electroshock era eficaz en ciertos casos), muchas sufrían daños profundos e irreparables.

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David Vetter: el “niño burbuja”

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En el año 1976, John Travolta protagonizó una película para la televisión (El chico de la burbuja de plástico) que contaba la historia de un niño que tenía un sistema inmunológico que no funcionaba correctamente. El contacto con el aire sin filtrar podía acabar con su vida y esto le obligó a permanecer en un ambiente esterilizado, aislado del mundo exterior. Este niño, en el que se inspiraba la película, existió realmente y se llamó David Vetter.

David Vetter nació con inmunodeficiencia severa combinada (SCID). Se trataba de una enfermedad genética, muy poco frecuente, que se parece al sida. Los niños que la padecen nacen aparentemente bien, pero en unos meses desaparecen de su sangre los anticuerpos protectores que su madre les había proporcionado durante la gestación y su salud se deteriora rápidamente. Su sistema inmune no puede elaborar de manera adecuada linfocitos, que se encargan de destruir los agentes extraños que invaden nuestro organismo, y los niños acababan muriendo en meses o en pocos años.

Los padres de David, David Joseph Vetter y Carol Ann Vetter, tenían ya una hija, Katherine, que estaba sana. Su primer hijo, David Joseph III, falleció a los siete meses después del nacimiento de la misma enfermedad genética (SCID). Los doctores advirtieron a los padres que cada hijo que concibieran tenía un 50% de probabilidades de heredar el mismo problema.

Tres doctores del Baylor Medical Center, en Texas, —John Montgomery, Mary Ann South y Raphael Wilson— propusieron a los Vetter que si el próximo hijo nacía con SCID podían criarlo en una enorme burbuja de plástico estéril, hasta que se encontrase una cura para la enfermedad. El proyecto sería financiado con ayudas federales a la investigación. La pareja, que era muy religiosa y deseaba tener un hijo varón para continuar con el apellido, aceptó.

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El experimento del niño Alberto

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En 1920, John B. Watson y Rosalie Rayner realizaron en la Universidad Johns Hopkins un controvertido experimento de condicionamiento del miedo con un niño de 11 meses.

Watson utilizó el bebé para demostrar cómo los principios del condicionamiento clásico, recientemente descubierto por Ivan Pavlov, podían aplicarse en la reacción de miedo de un niño ante determinados animales u objetos.

El pequeño Albert fue escogido como sujeto de experimentación por su buena salud física y su gran estabilidad emocional. En concreto, mediante el experimento, Watson quería condicionar la reacción de miedo de Albert hacia una rata blanca. Inicialmente, este animal no provocaba en el niño ninguna reacción de rechazo. Watson pretendía, además, generalizar esta conducta del bebé a otros estímulos similares y, por último, eliminar el miedo que había generado en el niño.

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Del oro al fósforo, pasando por la orina

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Hennig Brandt (1630-1692) fue un comerciante de Hamburgo cuya gran pasión fue la alquimia. La dote de su primera esposa la empleó en la búsqueda de la piedra filosofal, una sustancia que, según creían los alquimistas de su época, transformaba los metales comunes en oro.

Tenía unos conocimientos muy básicos de química pero un enorme tesón en su trabajo: la idea de encontrar la fórmula para convertir los metales en oro le obsesionaba. Cuando enviudó de su sufrida y arruinada esposa, contrajo segundas nupcias con una rica viuda, Margaretha, cuyo patrimonio utilizó, de nuevo, para financiar la búsqueda de la piedra filosofal.

Comenzó a utilizar la orina (sí… la orina), combinándola con otros materiales, y en el año 1669 observó maravillado cómo el líquido que había obtenido emitía un fuerte resplandor verde pálido que no se desvanecía con el tiempo: había descubierto, ahí es nada, un elemento químico: el fósforo. Lo que más asombró al alquimista era cómo aquella sustancia resplandecía en la oscuridad. Brandt pudo, incluso, leer viejos trabajos de alquimia bajo su luz.

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La autómata de María Antonieta

En el siglo XVIII, una época dominada por el pensamiento científico y los grandes avances en materia de la relojería, se crearon autómatas mecánicos de una increíble perfección movidos por complejos engranajes y palancas. Androides, animales o pueblos enteros fueron realizados por relojeros-mecánicos con la finalidad no tanto de divertir como de permitir el progreso de la ciencia.

Los científicos adoptaron una visión biomecánica del ser humano. Descartes consideraba que el cuerpo era una máquina, compuesta de hueso y carne, y el alma un espíritu pensante. Creía que las personas eran máquinas fabricadas por el “artesano divino” y, por tanto, más perfectas que las hechas por el hombre, pero que, en última instancia, la única diferencia entre unas y otras era el grado de complejidad.

La fabricación de autómatas, ya fuesen androides o animales mecánicos, ponía de manifiesto la obsesión existente en la época por intentar reproducir lo mejor posible en las máquinas los movimientos y comportamientos de los seres vivos.

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Cuando los perros son más humanos que los propios hombres

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Hay ocasiones en las que los seres humanos somos capaces de llegar a unos niveles de crueldad y despreocupación por los de nuestra misma especie difíciles de comprender. En el caso que vamos a contaros los perros actuaron de forma mucho más “humana” que los propios padres de la pequeña Oxana.

En agosto de 1992, una tímida niña de 8 años, llamada Oxana Malaya, fue descubierta y llevada a la Clínica Baraboy en Odessa para niños discapacitados en el sur de Ucrania. Había vivido durante 5 años con una manada de perros salvajes.

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Von Braun, de las SS a la NASA

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Wernher von Braun (1912–1977) fue un ingeniero aeroespacial, comandante de las SS, que, durante la Segunda Guerra Mundial, fabricó cohetes cargados de explosivos, los V-2, que fueron lanzados contra ciudades de los aliados, especialmente en Londres y Amberes. Su proyecto misilístico se cobró unas 20.000 vidas humanas.

Hacia principios de 1945, von Braun contactó con los aliados y preparó su rendición ante las fuerzas norteamericanas, quienes, a través de la llamada operación Paperclip, captaban científicos alemanes nazis y los ponían al servicio del bando aliado.

Von Braun, nacionalizado estadounidense, trabajó para la NASA, que utilizó la tecnología del cohete V-2 para desarrollar sus cohetes espaciales. Se convirtió en el director del Centro de Vuelo Espacial Marshall de la NASA y fue el principal reponsable del Saturno V, que llevaría a los estadounidenses a la Luna.

Von Braun alcanzó su sueño: participar, con enorme protagonismo en la carrera espacial. Sin duda, su figura es polémica.

Para unos, aprovechó las oportunidades que le ofrecía el nazismo, aunque al parecer no creía en él, y realizó cohetes-bombas que acabaron con la vida de muchas personas. También aceptó la muerte de miles de trabajadores que fallecieron en el campo de concentración de Dora-Mittelbau.

Para otros, era muy difícil dar de lado al régimen de Hitler cuando se ejercía presión para que se perteneciera a él. Incluso tuvo problemas con la Gestapo porque afirmó públicamente que le importaba poco el objetivo de Hitler y que lo único que le interesaba eran los viajes interplanetarios.

Evidentemente, von Braun no fue un Oskar Schindler, que sacó lo mejor de sí mismo en una época muy difícil. No obstante, von Braun siempre afirmó que no pudo actuar de otro modo diferente a como lo hizo, si tuvo opción a comportarse de otra manera es algo que nunca podrá saberse con certeza.

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Quimeras: dos personas en una

ms.jpgDe vez en cuando, la naturaleza no sigue su curso normal y se aventura por caminos sinuosos. Es entonces cuando nuestros conceptos comienzan a tambalearse y aparece un nuevo orden de cosas que desafía lo que hasta ahora habíamos aprendido. Tal es el caso de las quimeras, seres formados a partir de porciones de distintos individuos que, sin embargo, conforman un único ente estructural y funcional con más de un patrón genético.

En ocasiones, un simple vistazo al individuo delata que estamos ante una quimera, como el caso de María Sabina; otras veces, los indicios son más sutiles, como en los individuos cuyos ojos son de distintos colores o aquellos que poseen dos grupos sanguíneos. Un análisis médico detallado de estos individuos puede delatar la presencia de poblaciones celulares genéticamente muy distintas en ellos. Mientras que en los siameses se perciben con más claridad la presencia de dos personas, más o menos unidas en una sola unidad anatómico-fisiológica, las quimeras forman un único sujeto.

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El hombre cuyo cráneo fue atravesado por una barra… y vivió para contarlo

phineas_gage01.JPGPhineas era un capataz de origen irlandés que dirigía a una plantilla de hombres en Nueva Inglaterra (EE.UU.) durante la construcción de una línea férrea. Phineas Gage siempre fue considerado por sus amigos, e incluso por sus subordinados, como un hombre amable y eficaz, con dotes de mando y capacidad para reaccionar con destreza en los momentos en los que había que tomar decisiones.

Una mañana del verano de 1848 una enorme roca se interpuso en el camino de la vía férrea, y Phineas se dispuso a dinamitarla. El proceso no era sencillo: tras perforar un largo agujero en la piedra había que rellenarlo con pólvora, insertar la mecha, añadir arena y, finalmente, aplanarla cuidadosamente con una barra de hierro a base de suaves golpes. Ahora ya se podía encender la mecha, y la pólvora, aprisionada por la grava en el corazón de la roca, haría el resto del trabajo, quebrándola desde las entrañas.

Sin embargo, aquel día Phineas cometió un error fatal: colocó la pólvora y la mecha, se distrajo un momento y atacó sin vacilar la pólvora con la barra de hierro. Las chispas que arrancó el metal al deslizarse en el interior de la piedra hicieron el resto. La barra salió disparada y penetró con fuerza por la mejilla izquierda del capataz, atravesó el cráneo y salió por la parte superior. El impacto de la barra de hierro hizo caer de espaldas a Phineas, que quedó tendido en el suelo, aún consciente. Momentos después, se incorporó, con la barra atravesándole aún el cráneo, y pidió ayuda a sus desconcertados compañeros. A toda prisa le condujeron ante los médicos, a los que el propio irlandés relató pormenorizadamente lo sucedido, ante la conmoción de los presentes. El accidente, como dejaron documentado los doctores que le atendieron, Harlow y Williams, no había afectado su capacidad motora y verbal y, aparentemente, todas sus funciones cognitivas superiores estaban intactas.

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Las momias del hielo

oetzi.jpgDe vez en cuando el hielo nos devuelve personas que han permanecido durante siglos o, incluso, miles de años congelados. Estos descubrimientos no sólo son un interesantísimo hallazgo arqueológico sino que resultan siempre una visión sobrecogedora. Las actuales investigaciones permiten conocer cuál fue la causa de la muerte e, incluso, cuáles fueron los últimos alimentos ingeridos antes de fallecer.

Dos fascinantes casos de personas congeladas son: Oetzi, la momia más antigua del mundo, de 5.300 años de edad, que se descubrió en los alpes tiroleses; y las momias de los niños del Llullaillaco, de unos 500 años de edad.

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