
Philibert Aspairt, portero del convento de Val de Grâce, decidió el 3 de noviembre de 1793 hacerse con algunas botellas del licor de los cartujos (el Chartreuse), aprovechando el caos que reinaba en París durante la Revolución francesa.
Los cartujos habían abandonado el convento para ponerse a salvo y Philibert pensó que no iba a encontrar una oportunidad mejor para acceder a la bodega que aquéllos tenían bajo la Iglesia. El acceso a los subterráneos era fácil: existía una escalera de bajada, construida en el siglo XVII, en el interior de Val de Grâce. Philbert descendió las escaleras con una candela encendida para alumbrarse.
La pequeña bodega se encontraba, según sus cálculos, a una centena de metros. Sin embargo, no era tan sencillo como él creyó. El tortuoso laberinto subterráneo de Val-de-Grâce hizo que se perdiera una y otra vez. Quiso volver atrás, cuando se dio cuenta de su terrible error, pero era demasiado tarde. Su candela terminó apagándose y se encontró sólo, perdido en la oscuridad, sin que nadie pudiera socorrerlo.
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El explorador noruego Roald Amundsen (1872-1928), que en 1906 fue el primer hombre en finalizar el recorrido del célebre Paso Noroeste, dirigió también la expedición a la Antártida que por primera vez alcanzó el Polo Sur.
Su rival fue el británico Robert Falcon Scott (1868-1912), capitán de la Royal Navy, que llegó al Polo Sur sólo un mes después que Amundsen, pero ni él ni los demás miembros de su expedición consiguieron sobrevivir en el viaje de regreso. Los cadáveres de Scott y de sus cuatro compañeros fueron encontrados el 12 de noviembre de 1912. Un conjunto de calamidades y una peor planificación del viaje hicieron que Scott fracasara donde Amundsen logró el éxito sin grandes dificultades.
Continuar leyendo ‘La conquista del Polo Sur: el triunfo de Amundsen y el trágico fracaso de Scott’

Leroy S. Buffington (1847-1931) fue el inventor del rascacielos o, al menos, así lo consideraba él. Fue un arquitecto prominente de Mineápolis que, en 1887, después de muchos años estudiando su idea, llevó a la oficina de patentes de Washington un diseño de un rascacielos de 28 plantas, que denominó Cloudscraper, con un armazón de acero. Este edificio nunca llegó a realizarse.
Buffington, creía que era posible levantar edificios mucho más elevados si se reforzaban con acero. El 22 de mayo de 1888, se le concedió la patente de su edificio y del proceso de construcción. Sin embargo, otros arquitectos se apropiaron de su idea y comenzaron a construir edificios con un “esqueleto” o “jaula” de acero, sin reconocer los derechos que tenía Buffington y, por consiguiente, sin pagarle por emplear su técnica.
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Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras
y maldito el que remueva mis huesos.
Estos cuatro versos aparecen grabados en el sepulcro de Shakespeare, en una lápida completamente lisa que se encuentra en el presbiterio de la Holy Trinity Church de Stratford-upon-Avon. Shakespeare murió el 23 de abril de 1616 del calendario juliano (3 de mayo de 1616 del calendario gregoriano) y fue enterrado dos días después en esta Iglesia, en la que fue bautizado 52 años antes.
Continuar leyendo ‘William Shakespeare: ruego y advertencia en su sepulcro’

En Arizona, cerca de Page, el tiempo, las lluvias monzónicas y la erosión se han aliado para tallar sobre la piedra arenisca un escenario natural sobrecogedor. Antelope Canyon es una formación geográfica en territorio navajo. Sus pasillos están llenos de sinuosas curvas y oquedades bellamente iluminadas por los lucernarios que rasgan la parte superior, como si de una catedral se tratase.
Continuar leyendo ‘Antelope Canyon: una catedral de piedra arenisca’

Desde hace siglos, los Papas, en caso de que peligrasen sus vidas, podían huir de los palacios vaticanos a través de un pasadizo secreto de 800 metros de longitud y a unos diez metros de altura que los llevaba hasta la fortaleza de Sant’Angelo. Este pasaje se construyó en el interior de una antigua muralla y se conoce con el nombre de Passetto di Borgo, o simplemente Passetto.
Continuar leyendo ‘El Passetto: la puerta trasera por la que escapaban los Papas’

La perversa personalidad del dictador genocida Adolf Hitler, sus fanáticas teorías políticas y sociales, contrastan enormemente con el carácter afable y seductor que tuvo con las mujeres que pasaron por su vida.
Confesó en la intimidad que en sus conferencias podía dominar a las masas, ya que las mismas eran un elemento femenino:
Por eso hay que trastornarles el seso, como se le hace a las mujeres que se entregan.
La fascinación que ejercía Hitler sobre las mujeres les hacía olvidar a muchas de ellas que el programa nazi dejaba claramente reflejado que la mujer era un ser inferior, no capacitado para la vida intelectual y destinado a tener y criar a los hijos. Existían eslóganes nazis como “El hombre y la mujer son desde que el mundo es mundo dos seres distintos, con funciones separadas” y “El mundo de la mujer es pequeño, comparado con el del hombre”.
La ideología racial y la concepción de la mujer de Hitler dio lugar a la creación de las Fuentes de la Vida de Himmler, un programa de reproducción de hombres nórdico-germánicos. Realmente, este programa consistía en la creación de prostíbulos legalizados en los que mujeres seleccionadas acudían a acostarse con miembros de la SS.
Continuar leyendo ‘Las amantes de Hitler’

Durante la Guerra de Vietnam, Cu Chi se convirtió en un infierno para las tropas norteamericanas que se veían atacadas por soldados vietnamitas “fantasmas”, que aparecían y desaparecían como por obra de magia. Los guerrilleros disparaban desde cualquier flanco y daba la impresión de que constituían una enorme tropa, cuando, realmente, sólo se trataba de unos pocos hombres.
Sencillamente, los cinco o seis vietnamitas se movían bajo tierra, a través de rutas subterráneas de un metro de altura, incluso menos, que sirvieron de refugio a más de 10.000 habitantes y combatientes durante más de un decenio.
En abril de 1975 llegaron a existir tres niveles de pasadizos subterráneos excavados en zigzag, situados a 6, 8 y 10 metros de profundidad, y con una longitud total de 220 kilómetros. Dentro de estos kilométricos laberintos existieron fábricas de ropa y de armas, puestos desde los cuales disparar, dormitorios, cocinas, cuartos de almacenaje, mercados, hospitales, comedores, salones, pozos y sistemas de ventilación. Existían numerosas salidas por si los soldados norteamericanos encontraban una entrada.
Continuar leyendo ‘Los túneles de Cu Chi: cuando el enemigo se mueve bajo tus pies’

Durante siglos, muchos exploradores marítimos trataron de lograr el Paso del Noroeste. En 1817 el gobierno británico ofreció una recompensa de 20.000 libras esterlinas para quien encontrara el paso, lo que provocó la organización de numerosas expediciones. Una de las más célebres fue la de Sir John Franklin, cuya dramática historia conmocionaría e, incluso, escandalizaría a la sociedad victoriana.
Sir John Franklin, de 59 años, veterano de la batalla de Trafalgar, fue elegido por el Almirantazgo inglés para que dirigiera la expedición. Se trataba de una carismático marino que anteriormente había realizado con gran éxito expediciones en el Ártico.
Los barcos británicos H.M.S. Erebus y Terror partieron de Inglaterra el 19 de mayo de 1845. No se habían escatimado gastos. Los navíos estaban dotados con la tecnología más avanzada del momento. Utilizaban grandes motores de vapor y enormes chapas de hierro que reforzaban la proa, con la finalidad de romper las placas de hielo. Iban bien provistos de alimentos y bebidas, incluso carne enlatada, una novedad de la época.
En agosto, los barcos balleneros Prince of Wales y Enterprise, fueron los últimos que vieron a la expedición en la entrada del estrecho del Lancaster. Después, durante largos años, nadie supo qué había sucedido con Franklin, sus 129 hombres y los dos barcos.
Continuar leyendo ‘La trágica expedición de Franklin: muerte y canibalismo en el Ártico’

Hoy se cumplen 153 años del nacimiento del brillante escritor Oscar Wilde. Autor de obras tan inolvidables como El fantasma de Canterville (1887), Un marido ideal (1895), La importancia de llamarse Ernesto (1895) o El retrato de Dorian Gray (1891). Es también célebre por frases tan ingeniosas como:
No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo
Continuar leyendo ‘Oscar Wilde: se cumplen 153 años del nacimiento del brillante escritor británico’