Archivo de Marzo, 2008

David Vetter: el “niño burbuja”

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En el año 1976, John Travolta protagonizó una película para la televisión (El chico de la burbuja de plástico) que contaba la historia de un niño que tenía un sistema inmunológico que no funcionaba correctamente. El contacto con el aire sin filtrar podía acabar con su vida y esto le obligó a permanecer en un ambiente esterilizado, aislado del mundo exterior. Este niño, en el que se inspiraba la película, existió realmente y se llamó David Vetter.

David Vetter nació con inmunodeficiencia severa combinada (SCID). Se trataba de una enfermedad genética, muy poco frecuente, que se parece al sida. Los niños que la padecen nacen aparentemente bien, pero en unos meses desaparecen de su sangre los anticuerpos protectores que su madre les había proporcionado durante la gestación y su salud se deteriora rápidamente. Su sistema inmune no puede elaborar de manera adecuada linfocitos, que se encargan de destruir los agentes extraños que invaden nuestro organismo, y los niños acababan muriendo en meses o en pocos años.

Los padres de David, David Joseph Vetter y Carol Ann Vetter, tenían ya una hija, Katherine, que estaba sana. Su primer hijo, David Joseph III, falleció a los siete meses después del nacimiento de la misma enfermedad genética (SCID). Los doctores advirtieron a los padres que cada hijo que concibieran tenía un 50% de probabilidades de heredar el mismo problema.

Tres doctores del Baylor Medical Center, en Texas, —John Montgomery, Mary Ann South y Raphael Wilson— propusieron a los Vetter que si el próximo hijo nacía con SCID podían criarlo en una enorme burbuja de plástico estéril, hasta que se encontrase una cura para la enfermedad. El proyecto sería financiado con ayudas federales a la investigación. La pareja, que era muy religiosa y deseaba tener un hijo varón para continuar con el apellido, aceptó.

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Los locos años 20: un ensayo de modernidad

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Los “locos años 20″ fueron en Estados Unidos y en muchos países europeos una década de grandes cambios en el arte, la economía y el estilo de vida. Por fin habían terminado los horrores de la Primera Guerra Mundial pero su recuerdo todavía estaba en la mente de todos. Por eso era necesario romper con el pasado, vivir el presente y divertirse a toda costa. El auge económico hizo que los automóviles, el cine y la radio estuviesen al alcance de una gran parte de la población. También la música invitaba a la fiesta y a la diversión: se popularizó el jazz, que se asociaba a todo lo moderno, sofisticado y decadente, y los bailes de salón fueron sustituidos por el charlestón y el fox-trot.

Pero, sin duda, uno de los cambios más radicales que se vivieron en este época fue la liberación de la mujer, que adquirió un gran protagonismo en la vida laboral y en el ocio. Surgió la femme fatale, una mujer agresiva que veía al hombre como su igual.

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Gorée Island: el infierno de los esclavos

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La Isla de Gorée, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se encuentra situada frente a la costa de Senegal, país al que pertenece, a tres kilómetros de Dakar, la capital. En el pasado, perteneció a los portugueses, los holandeses, los ingleses y los franceses.

Se convirtió, durante más de tres siglos, en uno de los más importantes mercados de esclavos, que se dirigían, principalmente, a Estados Unidos, al Caribe y a Brasil. Este activo comercio de esclavos se inició incluso antes de que los portugueses construyeran la primera Casa de esclavos en 1536 y se mantuvo hasta que, en 1848, Francia abolió la esclavitud.

Se calcula que unos veinte millones de hombres, mujeres y niños fueron secuestrados en sus aldeas y vendidos a tratantes que se establecieron en esta isla.

La arquitectura de la isla pone de manifiesto las condiciones infrahumanas en las que vivían los esclavos hasta que eran vendidos y el lujo y las comodidades de que disfrutaban los traficantes.

Hacia el 1784, un afro-francés edificó la Casa de esclavos, que la UNESCO conserva como museo. Esta residencia tenía dos zonas completamente distintas y separadas: en la planta superior, con todos los lujos y comodidades, vivía la acaudalada familia del traficante; en los lúgubres sótanos, se hacinaban hombres, mujeres y niños (hasta 50 por habitación), colocados espalda con espalda y encadenados como animales. Sólo podían salir de las habitaciones una hora una vez al día.

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“He pedido hielo, pero esto es ridículo”

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“He pedido hielo, pero esto es ridículo”, bromeó John Jacob Astor IV cuando el iceberg impactó contra el casco del Titanic. Poco podía imaginar el heredero de la fortuna de los Astor que su vida de lujo y placeres estaba a punto de concluir bajo las heladas aguas del Atlántico.

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El experimento del niño Alberto

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En 1920, John B. Watson y Rosalie Rayner realizaron en la Universidad Johns Hopkins un controvertido experimento de condicionamiento del miedo con un niño de 11 meses.

Watson utilizó el bebé para demostrar cómo los principios del condicionamiento clásico, recientemente descubierto por Ivan Pavlov, podían aplicarse en la reacción de miedo de un niño ante determinados animales u objetos.

El pequeño Albert fue escogido como sujeto de experimentación por su buena salud física y su gran estabilidad emocional. En concreto, mediante el experimento, Watson quería condicionar la reacción de miedo de Albert hacia una rata blanca. Inicialmente, este animal no provocaba en el niño ninguna reacción de rechazo. Watson pretendía, además, generalizar esta conducta del bebé a otros estímulos similares y, por último, eliminar el miedo que había generado en el niño.

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Lindow Man: la momia de la ciénaga

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El 13 de mayo de 1984, en el condado de Cheshire, Andy Mould y Stephan Dooley se dirigieron a la ciénaga en la que trabajaban para extraer y triturar la turba. Comenzaron su tarea buscando piedras grandes o maderas escondidas entre la turba. Al poco tiempo, Mould descubrió lo que parecía un deteriorado balón de fútbol. Sin embargo, cuando se acercó, comprobó con sorpresa que se trataba de un cráneo humano. Los dos trabajadores sospecharon que se encontraban ante los restos de un hombre asesinado. Sin embargo, lo que no podían imaginar es que el crimen se había producido unos 2000 años atrás.

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Los macabros cuentos de los hermanos Grimm

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Los hermanos Grimm, Jakob y Wilhelm, se hicieron célebres por sus cuentos infantiles como Blancanieves, La Cenicienta, Hänsel y Gretel, Rapunzel, La Bella durmiente o Juan sin miedo. Sin embargo, no fueron los autores de estas historias sino que se limitaron a recopilar cuentos de la tradición oral alemana, destinados a los adultos más que a los niños por su violencia y contenido sexual.

Su primer libro, Cuentos para la infancia y el hogar, publicado en dos volúmenes a principios del siglo XIX, fue censurado y reelaborado en las sucesivas ediciones para suavizar el contenido, que reflejaba la extrema dureza de la vida en la Edad Media, y convertirlo en una obra destinada al público infantil. Las versiones “descafeinadas” de sus historias terminaron desplazando a los cuentos originales, que continuaban vivos en la tradición oral.

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