Archivo de Octubre, 2008

William Marwood: el verdugo “compasivo”

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Detesto la ociosidad. Mi tiempo libre lo dedico a mis negocios y a trabajar en mi zapatería. Así vivo día tras día hasta el momento en que soy requerido para alguna ejecución. Habría sido mejor para los ejecutados que hubiesen preferido el trabajo a la ociosidad

El famoso verdugo William Marwood (imagen superior) explicaba con esta palabras cómo transcurría su vida y qué opinaba de las personas que tenía que ajusticiar.

En Inglaterra, desde mediados del siglo XIX, el puesto de verdugo se convirtió en un oficio muy codiciado, que se mantuvo hasta que la pena capital fue abolida en 1964. Cada vez que quedaba una vacante surgía un gran número de solicitantes, incluyendo mujeres.

¿Qué alicientes podía tener desempeñar un oficio así? El aspecto económico jugaba un papel importante, pero algunos verdugos, como Henry Pierrepoint, mencionaron la gran ventaja que suponía poder viajar con todos los gastos pagados y poder así conocer lugares desconocidos, en los que se realizaban las ejecuciones. Otros, sin embargo, se sentían culpables y admitían que su trabajo era muy duro y desagradable. El verdugo John Ellis no pudo soportarlo y se suicidó.

Uno de los verdugos más célebres fue William Marwood (1820-1883), de Horncastle, Lincolnshire, Inglaterra. Durante gran parte de su vida fue un sencillo zapatero, como había sido su padre, pero siempre mostró un gran interés por la anatomía y por lo que él consideraba el “arte” del ahorcamiento y estimó que éste se podía mejorar.
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